Entre los pioneros de la minería en el Perú, ocupa un lugar de gran relevancia Don Ernesto Álvaro Baertl Schütz, Minero Notable que vivió con su familia durante más de 26 años en lo más agreste de la sierra
del Perú, y que con esfuerzo y tenacidad fue forjador de importantes empresas, ofreciendo un apoyo solidario a los más necesitados y reconociendo la importancia de la protección de la naturaleza.
En la ciudad de Lima, el 19 de febrero de 1892 nació Don Ernesto Baertl Schütz, hijo de Juan Bautista Baertl Brell y Amalia Schütz Ortlieb, quien a temprana edad realizó estudios de matemáticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para luego ingresar a la antigua Escuela Nacional de Ingenieros, hoy Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), graduándose en 1915 como Ingeniero de Minas, iniciando un camino de éxitos labrados con gran fervor.
Una de sus primeras responsabilidades profesionales, fue reunir datos estadísticos de las operaciones mineras existentes en los departamentos de Cusco, Puno y Arequipa, comisionado por el Cuerpo de Ingenieros de Minas. Luego en 1917, fue contratado por la Compañía Santa Inés y Morococha para trabajar en sus minas ubicadas en Castrovirreyna – Huancavelica.
En esa época las labores mineras eran muy rudimentarias y mayormente manuales, siendo el transporte muy complicado, dándose el caso que para llegar a Lima, Don Ernesto tenía que tomar el tren a Huancayo un día y luego viajar tres días más a caballo, pernoctando una noche en Izcuchaca y otra en Huancavelica.
Igualmente, para transportar los “quesos” de plata que se obtenían del tostado clorurante de los minerales de la mina Quispisisa en Santa Inés, debidamente acondicionados, se llevaban desde Huancavelica en mulas a Ica, ferrocarril Ica-Pisco y se embarcaban para ser vendidos en Londres (Inglaterra).
En 1921, este ilustre minero fue incorporado a la Negociación Minera Eulogio E. Fernandini donde trabajó hasta 1942, desempeñándose primero en la Fundición de Huaraucaca y después en la mina Colquijirca, en Cerro de Pasco, asumiendo diferentes puestos hasta llegar a Superintendente General de la Operación Minero Metalúrgica, contribuyendo decididamente a su desarrollo.
Es decir, durante más de 26 años, enfrentó una serie de dificultades propias de los primeros años de la naciente República, desde la carencia de medios de transporte, pasando por el clima hostil de la sierra peruana, hasta la falta total de recursos.
Sin embargo, ello no fue obstáculo para Don Ernesto, quien salió adelante en base a sus dotes profesionales y con el apoyo de su esposa Julia Claudia Montori, con quien contrajo matrimonio el 22 de mayo de 1921 y tuvo ocho hijos. Juntos superaron múltiples dificultades en esos años de la naciente industria minera en la sierra del Perú a más de 3,500 m.s.n.m.
Entre 1922 y 1931, al calor del maravilloso hogar que habían formado, fueron bendecidos con el nacimiento de seis hijos, una de ellas, Carmen, nació en Colquijirca, los otros cinco hermanos nacieron en Lima, pero llevados desde pequeños a Colquijirca y fueron bautizados como: Víctor Ernesto (13 de marzo de 1922), Carmen (14 de octubre de 1923), Juan Manuel (14 de marzo de 1928), Julia (10 de abril de 1930) y Angélica Amalia (29 de setiembre de 1931).
Años después tuvieron a José Antonio (10 de Julio de 1941) y Francisco Augusto (28 de mayo de 1943).
Valor Humano
En forma paralela a estas actividades, fue un hombre muy apegado a la tierra, en el aspecto del desarrollo agrícola, demostrando un amor a lo que es la naturaleza y un respeto al ser humano y la familia. Estuvo muy ligado a la gente humilde que lo rodeaba, promoviendo instituciones sociales y educativas.
Apoyó a entidades de ayuda a la madre y el niño e impulsó a través de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (UNIFE) la formación de educadores. “Tenía muy claro que una de las grandes necesidades era mejorar la calidad educativa, pero la calidad en valores y capacidades de los profesores de primaria y secundaria en todo el país”.
Don Ernesto Baertl Schütz falleció el 30 de enero de 1970, dejando tras su ilustre existencia el legado del emprendimiento basado en una sólida formación profesional, con altos valores humanos y una visión superlativa de cómo desarrollar la actividad minera en los rincones más remotos del Perú.